El vehículo de ocasión puede ser la compra más inteligente del año, pero solo si se revisa con la misma frialdad con la que se negocia el precio.
Comprar un coche usado en España ya no es un plan B. Para muchos conductores es la forma más sensata de acceder a un coche mejor equipado, evitar la depreciación inicial y contener
Comprar un coche usado en España ya no es un plan B. Para muchos conductores es la forma más sensata de acceder a un coche mejor equipado, evitar la depreciación inicial y contener el gasto en un momento en el que el coche nuevo sigue presionando el bolsillo. Pero el mercado de ocasión tiene una regla de oro: lo barato solo es barato si no esconde una avería, una carga o una historia mal contada.
El primer filtro no está en el anuncio, sino en la documentación. Antes de dejar una señal conviene pedir el informe de la DGT, comprobar que el coche está de alta, que no tiene embargos, reservas de dominio, precintos o limitaciones para transferirse. También hay que revisar que la ITV esté en vigor, que el kilometraje sea coherente con el desgaste y que el número de bastidor coincida con la ficha técnica.
Después llega la parte mecánica. Un coche limpio no siempre es un coche sano. Neumáticos, frenos, suspensión, embrague, correa de distribución, batería, pérdidas de aceite y testigos del cuadro dicen más que cualquier descripción del vendedor. Si hay dudas, una revisión en taller antes de comprar es una inversión, no un capricho. La DGT lo recomienda expresamente: ante la mínima sospecha, mejor verificar el estado del vehículo antes de firmar.
La garantía cambia mucho según a quién se compre. Si el vendedor es profesional, existe garantía legal; en coches usados puede pactarse un plazo inferior al general, pero no por debajo de un año. En una venta entre particulares no se aplica la misma protección de consumo: el comprador queda más expuesto y solo puede reclamar por vicios ocultos en los términos previstos por la normativa civil. Por eso el precio de un particular debe compensar el mayor riesgo.
El contrato también importa. Debe incluir identificación de comprador y vendedor, datos completos del vehículo, precio, fecha y hora de entrega, forma de pago, kilometraje declarado y cualquier defecto conocido. No hay que aceptar frases vagas ni promesas verbales. Lo que no está escrito, luego cuesta demostrarlo.
Tras la compra, el comprador dispone de 30 días para realizar el cambio de titularidad en la DGT. Antes debe liquidar o justificar el Impuesto de Transmisiones Patrimoniales, salvo que proceda una exención. El vendedor, por su parte, debería notificar la venta cuanto antes para evitar multas o responsabilidades si el cambio de titular aún no se ha completado.
La mejor compra de ocasión no es necesariamente la más barata. Es la que permite reconstruir su historia, probarla sin prisas, revisar papeles y salir con una garantía proporcional al riesgo asumido. En el coche usado, la paciencia también es equipamiento de seguridad.