Preparar el coche para el verano: la revisión que evita averías, sustos y viajes arruinados
El calor, los trayectos largos y el coche cargado ponen a prueba neumáticos, batería, refrigeración y aire acondicionado. Revisarlo antes de salir es más barato que llamar a la grúa en plena operación salida.
El verano no solo exige más al conductor. También exige más al coche. Las altas temperaturas, los viajes largos, el aire acondicionado funcionando durante horas y el maletero lleno convierten cualquier desplazamiento vacacional en una prueba de resistencia mecánica. Por eso, antes de pensar en la ruta, conviene dedicar un rato a lo que casi siempre se deja para el final: preparar el vehículo.
El primer punto son los neumáticos. Son el único contacto con la carretera y, con calor, trabajan en condiciones más duras. Hay que revisar presión en frío, desgaste, grietas, deformaciones y la rueda de repuesto o el kit antipinchazos. El mínimo legal de profundidad del dibujo es 1,6 mm, pero para viajar con margen de seguridad conviene no apurar hasta el límite.
El segundo elemento crítico es la refrigeración. En verano, un nivel bajo de refrigerante, un manguito deteriorado o un radiador sucio pueden acabar en sobrecalentamiento. La comprobación debe hacerse siempre con el motor frío y, si hay manchas bajo el coche o subidas anómalas de temperatura, lo sensato es pasar por el taller antes de salir.
También hay que mirar aceite, líquido de frenos, limpiaparabrisas y batería. Aunque muchos conductores asocian los fallos de batería al invierno, el calor también acelera su desgaste. Si el coche arranca con dificultad, lleva tiempo parado o la batería tiene varios años, conviene revisarla.
El aire acondicionado no es solo una cuestión de confort. Un habitáculo demasiado caliente aumenta la fatiga y reduce la concentración. Antes del viaje, hay que comprobar que enfría bien, que no hay malos olores y que el filtro de habitáculo está en buen estado. Lo ideal es ventilar unos minutos el coche antes de activar el climatizador a pleno rendimiento.
Por último, no hay que olvidar lo básico: luces, frenos, escobillas, documentación, chaleco, triángulos o luz V16, agua para los ocupantes y una planificación razonable de descansos. Un viaje de verano empieza mucho antes de girar la llave o pulsar el botón de arranque.
Preparar el coche no garantiza que no surja ningún imprevisto, pero reduce mucho las probabilidades. Y en vacaciones, esa tranquilidad vale más que cualquier accesorio.